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El árbol, de John Fowles

«No es el poco saber lo que genera necesariamente la ignorancia; saber demasiado, o querer saber demasiado, puede producir el mismo resultado».

El árbolLlevaba mucho tiempo buscando un ensayo sobre la relación entre la naturaleza y la creatividad, por eso estoy convencida de que este libro me encontró a mí y no yo a él.

Nos conocimos en la feria del libro de este año, en estas tierras en las que vivo. Mientras yo revoloteaba ojeando otros títulos, mi pareja me llamó para que le echara un vistazo a este. Primero tuve un flechazo por la encuadernación y el título, pero cuando leí la sinopsis (que se queda corta) terminé enamorándome.

Aunque cuenta tan solo con 104 páginas, el viaje para mí ha sido intenso y enriquecedor. La prosa de John es exquisita y su filosofía es un grito a la sociedad. Primero conocemos el pasado del autor, quien nos habla sobre su eterna relación con la naturaleza y la desconexión de su padre hacia esta convirtiéndola en un negocio. Poco a poco, nos lleva de la mano a través de sus pensamientos y nos hace despertar, por unos instantes, de este aturdimiento que cada vez nos separa más de lo realmente importante: la vida.

Sinopsis

«Publicada por primera vez en 1979, El árbol, una de las pocas obras en las que el novelista John Fowles exploró el género ensayística, supone una reflexión enormemente provocativa sobre la conexión entre la creatividad humana y la naturaleza, además de un poderoso argumento contra la censura de lo salvaje. Para ello Fowles recurre a su propia infancia en Inglaterra, en la que se rebela contra las estrictas ideas de su padre, que vive obsesionado con la “producción cuantificable” de los árboles frutales, y en su lugar decide abrazar la belleza de la naturaleza no modificada por el hombre. El árbol es una obra excepcional que nos lleva por los vericuetos de la creación, del descubrimiento de las fuentes de inspiración, de las claves de la escritura, y todo ello a través de un recorrido por los espacios naturales más salvajes que acompañaron al autor durante su vida».

Como he dicho anteriormente, el libro es mucho más. Para mí, El árbol le ha dado palabras a lo que iba rondando por mi corazón bastante tiempo.

Fowles afirma que «la evolución ha hecho del hombre una criatura que aísla y divide todo lo que le rodea». Se refiere al antropocentrismo, a experimentar la vida desde un espacio en el que nos sentimos solos y apartados de todo lo que compone al mundo. Así es como también nos alejamos de la naturaleza y, como consecuencia, de nuestras naturalezas. Esta desconexión nos acerca al odio y nos aleja del amor y de la creatividad.

De la necesidad de explicarnos lo inexplicable emergen la frustración e insatisfacción, que renacen una y otra vez en un bucle de miedo y rapidez. Sabemos qué nombres tienen las plantas, los árboles, los animales, etc. y, sin embargo, nos mantenemos totalmente desconectados de cada uno de ellos. Además, nos sentimos superiores a todo lo mencionado anteriormente y no queremos re-conectar con los seres vivos que, al igual que nosotros, experimentan sus diferentes formas de vida en este planeta.

Para John, la culpable de nuestra desconexión es la ciencia de la época victoriana ya que «en el siglo XIII, que contemplaba la naturaleza como un espejo para filósofos, como una realidad capaz de suscitar emociones, como un placer, un poema, cayó por completo en el olvido». Esto quiere decir que la naturaleza pasó de ser esencial para el desarrollo humano, a ser ciencia.

«La evolución de la mentalidad humana ha hecho que ahora estemos todos in vitro, detrás de cristal de nuestro propio ingenio».

A pesar de todo, John Fowles expone tres verdades que debemos aceptar para poder re-conectar con la naturaleza: «La primera consiste en que conocerla plenamente es tanto un arte como una ciencia. La segunda, en que el espíritu de ese arte reside en nuestra propia naturaleza personal y en su relación con la otra naturaleza, y no en entender lo natural como una colección de “cosas” que solo existen fuera de nosotros. La tercera y última, es que este tipo de conocimiento, o de relación, no es reproducible por ningún otro medio (ni por medio de la pintura, ni de la fotografía, ni de las palabras, ni siquiera por medio de la propia ciencia)».

Por otro lado, me pareció curioso que Fowles pensara que en las novelas se recurre tanto a la naturaleza, al bosque, porque es el lugar que más anhelamos los seres humanos. Precisamente, ese anhelo y ese deseo de «volver a casa» es lo que más me inspira a la hora de escribir o dibujar.

Nuestra pasión por la tecnología y el avance nace por el temor a la muerte, por el sueño imposible de la vida eterna. Sin embargo olvidamos que es la naturaleza la que nos hace sentir y ser.

Sobre el autor

John_FowlesJohn Fowles, considerado por muchos como el padre del postmodernismo británico gracias a su filosofía (reflejada en algunas de sus obras), trabajó como profesor en Francia, Grecia e Inglaterra tras licenciarse en la Armada británica. Fue a partir de ahí cuando empezó su trayectoria como autor.

Una de sus novelas más conocidas es El coleccionista, la primera que escribió (publicada en 1963), que fue llevada a la gran pantalla teniendo como director a William Wyler. Sin embargo, Fowles no solo escribía ficción, también escribió ensayos como Áristos, en el que una recopilación de reflexiones nos acerca a su filosofía, o El árbol.

Nota: Aunque esto es más una reflexión sobre lo leído que un repaso superficial, he disfrutado mucho escribiéndolo y es posible que se repita con otros títulos… ¡Nos leemos!

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