Deconstrucción Sociedad

#Deconstruyendo – Las primeras mujeres


La prehistoria guarda en sí misma todo aquello que ocurrió antes de la aparición de la escritura, cuando todavía mirábamos a las estrellas como seres minúsculos y no como dioses. Sin embargo es evidente, si fijamos nuestra mirada en la mayoría de estudios arqueológicos, que el foco de atención se fija en una perspectiva masculina en la que el hombre siempre ha estado por encima de todo y eso, por supuesto, incluye (o excluye) a la mujer.

Si imaginamos que la sociedad es una vaca y que los siete artes son sus ubres, veremos que hemos estado mamando historias, fotografías, canciones, pinturas y películas que nos han hecho imaginar futuros distópicos, catástrofes inminentes y vidas que jamás tendremos. Nos han hecho mirar al futuro con ambición, pero también al pasado. Y, ¿qué encontramos en ese pasado? La representación de una «historia de la humanidad» en la que las mujeres hemos sido menos que un cero a la izquierda.

Cuando iba al instituto, en uno de esos arduos intentos por «hacer lo correcto», vi un documental sobre la prehistoria en el que representaban a los antiguos como seres salvajes sin cerebro que comían tierra y no tenían inteligencia emocional. Esto último es importante porque pone al espectador en situación. Imagino que lo pensaron así: si decimos que los primeros humanos no eran emocionalmente inteligentes podemos decir que el hombre, macho alfa de «las manadas de por aquel entonces», cogía a la mujer hembra de los pelos y la arrastraba a un matorral para follársela y continuar con la estirpe (podéis ver un ejemplo similar aquí, en el minuto 17:40). Porque claro, se trata de supervivencia, de hacer que los engranajes sigan funcionando gracias a la reproducción (porque las mujeres solo somos éramos recipientes por aquella época). Esto, además, convalida los típicos y revenidos argumentos respecto al «instinto animal» del hombre macho frente a la mujer hembra y nos lleva al más famoso de los porqués de las violaciones en el que tanto se respaldan algunos.

Como se puede ver, y desgraciadamente, el documental que vi en el instituto no es el único que representa la misma situación: el asalto efectuado por tres hombres a una mujer desprovista de compañía a la que llaman, textualmente, presa de una caza. Y esa es la imagen que hemos estado mamando desde la antigua Grecia, la Biblia y el Santo Espíritu; la de una figura débil e indefensa incapaz de valerse por sí misma cuya única misión en la vida es parir y cuidar a lxs hijas/os/es (y complacer al hombre, por supuesto). Pero resulta que hay otra historia bajo la bruma con la que nos ciegan. Una en la que las mujeres hemos batallado, capitaneado barcos y cambiado el rumbo del mundo, y esa es la historia de la que me gustaría hablar.

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Veamos primero la figura de la mujer en la prehistoria, un tema distorsionado y detonante de muchos debates que nos ha llevado por dos direcciones. Una en la que la mujer viste con dos trozos de tela y es atractiva, rubia, blanca y sin pelos en las piernas; y otra en la que la mujer da de mamar a un niño mientras el hombre, lanza en mano, abandona «el hogar» para enfrentarse al peligro. Os daré una pista: ambas direcciones se alejan de la realidad.

Contamos con una marea de documentación y libros de texto pululando por las aulas en los que se asegura que la mujer «solo» se dedicaba al cuidado de las/os/es niñas/os/es mientras el hombre, fornido y valeroso, se dedicaba a las actividades que requerían más esfuerzo e inteligencia, como lo eran, según la contemporaneidad, la caza o la pesca. Sin embargo, vestigios arqueológicos nos demuestran que las sociedades antiguas eran mucho más igualitarias de lo que somos hoy en día nosotras/os/es. Y no solo eso. Si observamos las sociedades que a día de hoy todavía viven en tribus podemos ver como el papel de la mujer es igual de importante que el del hombre. Entonces, ¿por qué cuando miramos al pasado continuamos restándole importancia al papel de la mujer? ¿Será que la sociedad, con todas sus ideologías y religiones, se ha visto influenciada? Pues sí.

Antes de empezar debemos aclarar que las investigaciones que trataremos aquí defienden la división de tareas basándose en fósiles, utensilios y arte antiguos y no en la desigualdad que tanto nos caracteriza hoy en día. Me parece absurdo y una falta de respeto hacia los antiguos justificar nuestras cagadas como sociedad poniendo el foco de atención en elles o diciendo «es que está en los genes».

dolnicc81-vecc82stonice-retrato-femenina.jpgSon muchos textos los que dicen que el retrato nació en Roma, cuando el arte funcional empezó a sustituir al arte contemplativo de los griegos, pero esto no es del todo cierto. Si nos remontamos a la última glaciación descubriremos que fue entonces cuando apareció el primer retrato y fue el de una mujer.

Hallada en Dolní Vestonice, tenemos a nuestra izquierda una escultura esculpida en marfil. Es el retrato de una mujer de rasgos marcados y cabello recogido que se ha llegado a relacionar con un cuerpo hallado trece años antes de su aparición en los alrededores de los asentamientos. Este tenía una contusión en el cráneo, en el lado izquierdo. Muchas/os/es defienden que esto puede explicar por qué el rostro de marfil tiene un desplazamiento hacia la izquierda. La mujer, de unos cuarenta años, medía un metro cincuenta y dos y fue enterrada de una forma peculiar. De costado, yacía orientada al oeste con las piernas extendidas. Por entonces colocaron dos cuchillos de hueso de mamut sobre ella y espolvorearon con un polvo rojizo su cuerpo. Junto a ella se hallaron utensilios, una cola de zorro del ártico y en su mano derecha los dientes del zorro. ¿Qué nos dicen todos estos elementos? Veamos…

Para los antiguos, por aquella época (recordemos, finales de la última glaciación), era común espolvorear el ocre rojo y poner los cuerpos en la posición en la que hallaron el de esta mujer. Sin embargo, los huesos de mamut no eran nada comunes, lo que nos lleva a plantearnos diferentes hipótesis sobre su rango o su tarea en el grupo. No sabemos si lideraba, cazaba o transmitía conocimiento, pero todo apunta a que tenía importancia en aquella tribu.

Ahora pongámonos en situación. Las primeras sociedades necesitaban sobrevivir a toda costa y protegerse los unos a los otros procurándose alimento, ropas y construcciones en las que guarecerse de las temperaturas extremas. Por lo tanto, ¿qué nos lleva a pensar que tejer ropas, cocinar el alimento o cuidar de las/os/es niñas/os/es no tiene valor?

Sabemos que las mujeres eran tanto cazadoras como recolectoras, constructoras, cuidadoras y tejedoras, al igual que los hombres. De hecho se han llegado a analizar huesos de mujeres que vivieron entre el Neolítico hasta la Baja Edad Media en la Europa Central y, con ayuda de un láser 3D (que analizó 89 tibias y 79 húmeros), se pudieron comparar con los de  algunas mujeres atletas de la actualidad. ¿Cuáles fueron los resultados? Que los huesos de las mujeres que vivieron entre el Neolítico, la Edad de Bronce y de Hierro, eran un 5 y un 13% más fuertes que los de las mujeres atletas actuales, lo que quiere decir que desempeñaban tareas que requerían fuerza como puede ser desde labrar el campo hasta cazar. Además existen pinturas rupestres en las que vemos representados a grupos de mujeres cazando o pescando, lo que nos demuestra que desempeñaban, al igual que los hombres, todo tipo de tareas.

Después de conocer estos datos, ¿cómo es posible que continuemos viendo argumentos que defienden la superioridad del hombre sobre la mujer desde los albores de la humanidad? Bien. Si nos remontamos a la Grecia antigua, encontraremos valiosísimos textos que nos dicen que «la mejor mujer es la muda» o, sin ir tan lejos, ¿sabéis cuál fue la orden Bíblica dada a Eva? «A la mujer le dijo: Multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás tus hijos con dolor, hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará» (Génesis, 3:16) o «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio» (Timoteo, 2:12) (tenéis muchas más perlitas aquí). Estos «diamantes en bruto», que son una gota minúscula en un océano de mierda son los pilares sobre los que se ha ido construyendo la sociedad hasta lo que conocemos hoy en día. Esto, a su vez, nos ha llevado a infravalorar las conocidas «tareas domésticas» al relacionarlas, de forma exclusiva, con la mujer a la que, de hecho, la sociedad ve como un ser inferior al hombre, un ser subordinado. Por esta razón es TAN necesario deconstruirnos, hacernos preguntas respecto a lo aprendido, corregirnos y encaminar nuestras investigaciones y proyectos hacia una sociedad igualitaria en la que «las urbes de los siete artes» dejen de estar infestas.

Para finalizar adjunto al artículo un vídeo en el que Margarita Sánchez Romero, investigadora en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, habla sobre lo planteado anteriormente:



Fuentes de documentación:
Arqueoblog: Clic aquí
Science Advances (en inglés): Clic aquí
CC Letras: Clic aquí
Libro: Historia de las mujeres, una historia propia – Bonnie S.Anderson y Judith P.Zinsser
✒︎ Fotografías de Google

Andrea Dehm

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