Cine·Hablemos de

Viajes a la luna con Méliès

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Méliès (1861-1936) es considerado actualmente como “El mago del cine. Tuvo una vida complicada y murió prácticamente en la penuria económica porque sus películas fueron demasiado ambiciosas. Visitó a los hermanos Lumière en una de sus sesiones en el Grand Café, en París. Intentó convencerles para que le vendieran una de sus cámaras (el cinematógrafo) y estos, además de darle negativas, le aseguraron que ese aparato no tendría un largo protagonismo. Un año después viajó a Inglaterra y compró por mil francos un aparato a un óptico inglés, Robert William Paul, cuya tecnología de proyección era similar a la de los Lumière. Así empezó todo.

Con George Méliès apareció la edición cinemtatográfica.

En 1902 realizó Voyage dans la lune (Viaje a la luna), que fue uno de sus proyectos más ambiciosos. Se trata de una película (aunque yo más bien diría magia pura) en blanco y negro y muda. Se podría relacionar con el surrealismo, movimiento muy posterior al film, por los escenarios que construyeron para el rodaje (muy elaborados).

El guión fue escrito por él mismo y por su hermano mayor Gaston Méliès y lo basaron en dos novelas: De la tierra a la luna, de Julio Verne; y Los primeros hombres en la Luna, de H.G.Wells.

La película dura catorce minutos y trata sobre el viaje que realizan unos astrónomos tras una conferencia multitudinaria donde se plantean hacer un viaje a la Luna. Seis astrónomos idean un plan y son enviados a la luna en una cápsula espacial gracias a un cañón gigante. Allí conocen a los “selenitas” que son los habitantes de la Luna y exploran diversos espacios surrealistas que todavía hoy en día consiguen hacernos soñar.

Actualmente es un filme conocido y valorado pero por aquel entonces, al igual que la mayoría de los proyectos de Méliès, fue rechazado. El público que más atraía era infantil ya que el espectador adulto criticaba al director por no saber reinventarse. El público no entendía su lenguaje ni sus gustos por lo teatral.

Su trabajo podría ubicarse en un periodo de la historia en el que existía el “cine de atracciones”, cuando las películas eran un escaparate del talento artístico del director. La intención era impactar y captar la atención del espectador antes que construir  un mundo surrealista por lo que la historia y la narración no eran lo que buscaban ni los directores ni el público.

Fueron los surrealistas quienes posteriormente rescataron la película porque ni siquiera existía la autoría cuando surgió. Las películas se distribuían sin licencia y muchas incluso se plagiaban. Esto hizo posible que su obra fuera copiada y explotada cuando intentó distribuirla comercialmente en Estados Unidos. Él no obtuvo ningún ingreso a pesar de que fue un éxito en todo el país. Los culpables fueron los técnicos que trabajaban para Thomas Alva Edison.

La escenografía en el filme es potencialmente importante, de ahí su altísimo coste. La gesticulación de los actores también es primordial al tratarse del cine mudo. Por aquel entonces los actores que participaban en el cine no eran conocidos, se trataban de personas anónimas que podían tanto actuar como ayudar con la construcción del decorado. No existía la fama, existía el gusto.

Méliès fue reconocido en 1903 gracias a su trabajo con El melómano, filme en el que los efectos especiales están mucho más marcados que en su primer proyecto pero, para mi, la niña de mis ojos siempre será la Luna.